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Para ser papá hay que romper el cordón PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Domingo, 13 de Noviembre de 2011 22:40

98353729Mmmm. ¿Alguien se siente identificado con esto?: "He vuelto a terapia después de un año. Llevo un par de sesiones y no he podido dejar de hablar de un tema que me obsesiona. Un asunto que, creo, debiera producir al menos algún grado de ansiedad a todos los padres. Me refiero a esa obligación que tenemos los hombres de romper el cordón sicológico que une a la madre con sus hijos.

Tal como lo oyen. La primera vez que se lo escuché a un especialista me pareció algo perturbador, casi violento. Pero después de darle algunas vueltas, le encontré absoluto sentido.

Ésta es la idea: la madre se embaraza, tiene nueve meses al feto en su cuerpo, después llega el parto, vienen los seis meses de lactancia, el apego, la simbiosis entre ella y su guagua, esa cercanía que casi no distingue al hijo de su propia piel. Pasa el tiempo y el hombre, por más aperrado y buen marido y jugado y buen papá y moderno y  proactivo que sea, básicamente ha tenido el rol de un observador. Atento, pero a cierta distancia. Una especie de aguatero. De reserva. Y, claro, él ama por sobre todas las cosas a su mujer y a su hijo pero no puede evitar sentir que, especialmente en el primer año de vida, tres son multitud. Le parece que, muchas veces, sobra. Que la tensión emocional y la geometría que se forma entre los cuerpos de esos dos mamíferos, la mamá y la criatura, es perfecta, diseñada por un comité que de seguro incluyó a Da Vinci, Steve Jobs y al de arriba.

Ok, es verdad que las cosas se hacen más amables desde que la guagua empieza a caminar y luego a hablar. Uno empieza, por fin, a sentirse papá con mayúsculas. Pero cuidado, todo ese tiempo que pasó entre el parto y los primeros pasos es capital afectivo ahorrado con altísimas tasas de interés. Hay un pegoteo entre ella y su heredero que ya fue y que “nada nada lo despega”. Como la gotita. O casi. Porque depende de nosotros, los padres, cambiar las circunstancias.

Dicen los que han estudiado el tema, que éste es uno de los asuntos de la vida familiar donde resulta más necesario entrar sin golpear la puerta. 85406688Arremeter. Hacer una escisión, un tajo, un corte entre la madre y el hijo. O atacamos con machete incluido, hasta lograr una posición mínimamente ventajosa y desde ahí nos defendemos con armamento nuclear, o quedamos afuera. Así de binario. Así de blanco-negro.

No he podido dejar de tocar este tema en mis sesiones con el psicólogo porque me afecta. Tengo clarísimo, recién ahora, que mi viejo -que en paz descanse- no supo hacerlo. De seguro que nadie le dijo ni le enseñó, eran tiempos en que estas cosas se hablaban poco, quizá hasta trató y simplemente no pudo. Pero eso me convirtió en un mamón con escasez de figura paterna y definió mi personalidad. Peor aún, como mi padre no supo meterse entre nosotros (mi madre y yo), me quedé sin conocerlo. Hablábamos poco. No nos conectábamos afectivamente. Y, para remate, se fue joven.  Pero me dejó una gran enseñanza: esta historia no se repite. Nunca más.

Por eso me preocupo de buscar espacios de complicidad con mi hija, de bañarla yo solo, de cambiarle los pañales y limpiarla, de vestirla sin ayuda, de ver juntos videos de “bebés” en Youtube mientras se sienta en mis piernas, de cantar canciones en el auto cuando la voy a buscar al jardín infantil, de enseñarle palabras, de salir a pasear juntos, los dos solos, a la plaza. Quiero que sepa que yo existo para ella independiente de su mamá. Que si bien ambos somos sus padres y la amamos y nos desvivimos por ella, también existe una relación ella-yo, con códigos, recuerdos, anécdotas y chistes nuestros. Exclusivos y a veces hasta excluyentes. Aunque suene medio pesado. Es necesario. Fundamental.

78781601Como se dice en estos tiempos de computines, lo que se da por default, por defecto, es el vínculo entre la madre y el hijo. El nuestro en cambio, el del padre y su mini me, es producto de la pega. De la constancia. Del entrenamiento. Es el resultado de mantener cortado, bien roto, cercenado día a día, semana a semana, mes a mes, ese cordón mucho más duro y hermético que el umbilical. No es gratis, ni automático ni se puede delegar. Pero el beneficio es, sin duda, el vínculo más sagrado de todos.

Rodrigo Guendelman

Fuente:   http://blog.latercera.com/blog/rguendelman/entry/para_ser_pap%C3%A1_hay_que#comments

Última actualización el Domingo, 13 de Noviembre de 2011 23:08